Posts Tagged ‘amor platónico’

No me digas tu nombre

marzo 9, 2014

historia de amor

“¿Por qué tiene que haberme dicho su nombre?” se pregunta Natalia.

Desde hace un tiempo coinciden cada mañana.  Se saludan y cruzan intensas miradas cuando a primera hora de la jornada sacan a pasear a Luca y Danko, sus respectivos perros.

Últimamente también se encuentran al atardecer. En ocasiones solos y otras veces con sus parejas.

Natalia es lo primero que mira cuando saca a pasear a Danko, busca a ese hombre misterioso. A esa persona que le revoluciona el cuerpo, que le excita desde lejos. Por eso, ella se arregla cuando va con Danko. Si un día sale más descuidada y se da cuenta que él está, Danko paga las consecuencias: corriendo de vuelta a casa.

Le gustaba ese juego inocente, donde solo las miradas mostraban las cartas. No sabían nada uno del otro. Hasta hoy. Cuando Stephan, que así se llama él, ha iniciado la conversación con ella. Tras el rutinario intercambio deholas, se ha acercado a preguntarle el nombre de su perro:

S: ¿Cómo se llama?

N: Danko

S:..ah…¿y tú?

N: Natalia

S: Yo Stephan

Solo recordar la breve conversación hace que Natalia se excite. No por las palabras sino por el paso dado.  Por eso, aunque se moría de ganas por estar cerca de él, cuando Stephan le dijo su nombre, ella le respondió con un “encantada, me tengo que ir”.

Sabe que ha sido cortante, que ella le estaría maldiciendo si la situación hubiera sido a la inversa pero así es Natalia.   Le gusta jugar pero solo si ella controla la baraja. Sabe que la atracción es fuerte y le da miedo avanzar, no quiere engañar a su pareja. Disfrutaba con sus encuentros, con el misterio…Le dijo su nombre. Para ella, se acabó el juego. Game over.

 

Entrada publicada por la misma autora en Princesas por derecho propio

Cuando lo platónico deja de serlo

marzo 9, 2014

Asegura que no tiene problemas en que lo cuente pero me pide que si lo hago, por favor, utilice seudónimos. Y como me resisto a no contarla, así será.

A pesar de que a lo largo de los años, y debido a su profesión, Ana (pongamos que se llama así) ha conocido a grandes personalidades del mundo de la música, la moda, el cine, la literatura, la política…nunca le había pasado algo así. Es cierto que en más de una ocasión le había atraído alguno de ellos (a algunos los seguía antes de entrevistarlos y a otros después, precisamente gracias a la conexión surgida) pero nunca, o eso me cuenta ella, se había dejado seducir por los cantos de sirena que alguna vez le lanzaron. Para ella no eran chicos/hombres guapos que jugaban al arte de la seducción con ella (tal vez porque les gustara, tal vez para conseguir una mejor entrevista), para Ana eran simplemente entrevistados. Era su trabajo. Punto final.

Por eso, aunque sabía que aquella tarde iba a conocer a uno de esos hombres tendentes a quitar el hipo, estaba tranquila. A Mario (pongamos que se llama así) lo había visto en los últimos años en varias series y películas. No era una fan, no sabía enumerar todos sus trabajos ni conocía de cabo a rabo su vida, pero sabía quien era y, para no mentir, había visto miles de fotos suyas.

Todo transcurría con normalidad. Iba entrevistando a varios actores, al director…y llegó el momento de que la productora le dijera que podía hablar con los protagonistas. Tenía diez minutos para hablar con Mario y Paula (pongamos que se llama así). Ana quedó encantada desde el primer momento. Con ambos. A pesar de los premios cosechados en su carrera, de su elegancia, de su belleza…Paula era la sencillez personificada. Y él …lo mismo. Muy guapo pero muy cercano. No era como otros, que a la primera de cambio le soltaban un piropo, pero saltó la chispa. El primer contacto visual entre ellos fue mágico.

La entrevista acabó en el tiempo marcado. Paula y Mario comentaron que no conocían demasiado la ciudad en la que estaban y Ana les recomendó un par de sitios para cenar. Me cuenta Ana que recuerda perfectamente ese momento: “Cuando Mario me preguntó ‘Oye, ¿y si nos acompañas?, ¿te apetece?’, intenté evitar que se me notara que me estaba derritiendo por dentro, que me parecía estar en una nube, por eso contesté que sí, pero lo hice mirando a Paula primero. Solo recordando su mirada en ese momento me estremezco entera”.

Quedaron en que ella les esperaría en una cafetería cercana hasta que acabaran la promoción de la película. Ana les dio su teléfono (se lo apuntó a Paula) por si cambiaban de parecer. Durante la espera, Ana intentó concentrarse en su trabajo, en transcribir la entrevista que les acababa de hacer, en seleccionar los mejores cortes de voz….Pero lo cierto, es que la sonrisa de Mario se le aparecía sin parar. Y en esas estaba cuando le llegó un mensaje.

CONTINUARÁ