De pensar en ser uno a convertirse en tres

Era lo último que esperaba oír de los labios de Aurora: “estoy embarazada”. Cuando hace unos días me lo dijo, no pude evitar la cara de asombro. Lo intenté pero fue inútil no abrir de par en par los ojos. Esgrimí, con la mejor de mis sonrisas, un “enhorabuena” lo más velozmente que pude. No estábamos solas en aquella tarde de otoño y desconocía si el resto sabían lo que yo: que Aurora llevaba muchos meses planteándose dejar a Carlos.

Imagino que las demás lo ignoraban porque nadie expresó extrañeza. Ninguna se percató de mi cara, excepto Aurora que al verla giró su rostro, no sin antes intercambiar una rápida mirada. Por la noche, al teléfono, me confirmó lo que sus ojos me decían horas antes “sé lo que piensas pero estoy bien”.

Aurora y Carlos se conocieron hace casi nueve años. La atracción fue tan intensa que camufló sus diferencias. Eran, son, una de las parejas más extrañas que conozco. Aunque a decir verdad, a Carlos a penas lo he visto un par de veces. Él solo se relaciona con “su gente”. Un círculo en el que nunca han entrado ni las amigas ni los familiares de Aurora.

Las últimas veces que ella y yo quedamos el tema de conversación era el mismo: no era feliz con él. Hacía mucho que se sentía así pero hacía unos meses que empezaba a plantearse dejarlo. El motivo, Lucas, un compañero de trabajo que le había devuelto la sonrisa, que le volvió a llenar el estómago de mariposas…pero que no la esperó. Aurora no se decidía a dejar a Carlos y Lucas apostó por Laura, otra compañera de oficina.

Aurora me confiesa que la actitud de Lucas hizo que empezara a ver con otros ojos a Carlos, de quien últimamente solo resaltaba lo malo. “Es algo que me apetecía no ha sido para salvar nada”, dice Aurora sonriendo. Porque aunque me lo contaba por teléfono, era como si la tuviera delante, su alegría era tal que podía imaginarme su rostro ilusionado. “Sé que es raro pero alégrate por mi, estoy contenta. Nos irá bien”. Y a partir de ahí la conversación empezó a girar en torno a el cosquilleo que le desbordaba. Las mariposas han dejado paso a la cigüeña.

Entrada publicada por la misma autora en Princesas por derecho propio

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