Cuando lo platónico deja de serlo

Asegura que no tiene problemas en que lo cuente pero me pide que si lo hago, por favor, utilice seudónimos. Y como me resisto a no contarla, así será.

A pesar de que a lo largo de los años, y debido a su profesión, Ana (pongamos que se llama así) ha conocido a grandes personalidades del mundo de la música, la moda, el cine, la literatura, la política…nunca le había pasado algo así. Es cierto que en más de una ocasión le había atraído alguno de ellos (a algunos los seguía antes de entrevistarlos y a otros después, precisamente gracias a la conexión surgida) pero nunca, o eso me cuenta ella, se había dejado seducir por los cantos de sirena que alguna vez le lanzaron. Para ella no eran chicos/hombres guapos que jugaban al arte de la seducción con ella (tal vez porque les gustara, tal vez para conseguir una mejor entrevista), para Ana eran simplemente entrevistados. Era su trabajo. Punto final.

Por eso, aunque sabía que aquella tarde iba a conocer a uno de esos hombres tendentes a quitar el hipo, estaba tranquila. A Mario (pongamos que se llama así) lo había visto en los últimos años en varias series y películas. No era una fan, no sabía enumerar todos sus trabajos ni conocía de cabo a rabo su vida, pero sabía quien era y, para no mentir, había visto miles de fotos suyas.

Todo transcurría con normalidad. Iba entrevistando a varios actores, al director…y llegó el momento de que la productora le dijera que podía hablar con los protagonistas. Tenía diez minutos para hablar con Mario y Paula (pongamos que se llama así). Ana quedó encantada desde el primer momento. Con ambos. A pesar de los premios cosechados en su carrera, de su elegancia, de su belleza…Paula era la sencillez personificada. Y él …lo mismo. Muy guapo pero muy cercano. No era como otros, que a la primera de cambio le soltaban un piropo, pero saltó la chispa. El primer contacto visual entre ellos fue mágico.

La entrevista acabó en el tiempo marcado. Paula y Mario comentaron que no conocían demasiado la ciudad en la que estaban y Ana les recomendó un par de sitios para cenar. Me cuenta Ana que recuerda perfectamente ese momento: “Cuando Mario me preguntó ‘Oye, ¿y si nos acompañas?, ¿te apetece?’, intenté evitar que se me notara que me estaba derritiendo por dentro, que me parecía estar en una nube, por eso contesté que sí, pero lo hice mirando a Paula primero. Solo recordando su mirada en ese momento me estremezco entera”.

Quedaron en que ella les esperaría en una cafetería cercana hasta que acabaran la promoción de la película. Ana les dio su teléfono (se lo apuntó a Paula) por si cambiaban de parecer. Durante la espera, Ana intentó concentrarse en su trabajo, en transcribir la entrevista que les acababa de hacer, en seleccionar los mejores cortes de voz….Pero lo cierto, es que la sonrisa de Mario se le aparecía sin parar. Y en esas estaba cuando le llegó un mensaje.

CONTINUARÁ

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