Divagando en voz alta

Ayer hablé con Erika. Hacía bastante que no hablaba con ella. Nos conocemos desde hace casi siete años, cuando sufrimos las órdenes de la misma directora de programa y ya se sabe, las adversidades unen. Cuando primero ella y luego yo dejamos el trabajo seguimos en contacto. Si alguien como Erika entra en tu vida, es imposible dejarla salir. Es cierto que no intercambiamos llamada muy a menudo pero tal vez por eso (o a pesar de eso) cuando lo hacemos, las horas pasan sin darnos cuenta.

Ayer por la mañana Erika estaba paseando por las Ramblas cuando me ha llamado. “Nena me estaba rallando, tenía que llamarte”, es lo primero que he oído a través del auricular.

A partir de ahí, ha empezado a contarme. Se siente desconcertada. Hoy he empezado a preguntarse si llevaba la vida que siempre había querido. Así tal cual, sin venir a cuento, me explicaba. Le ha dado vueltas a esa pregunta mientras recorría el paseo catalán, observando a la gente, a los pájaros…”Lo que me ha rallado, no es tanto darme cuenta de que no vivo como soñaba vivir de pequeña como asumir que estoy contenta con la vida que llevo, jugando un papel distinto al que creía que haría cuando leía Los cinco antes de dormir”.

“Pero eso no es malo” le contesté sabiendo que sí lo era para alguien como ella, alguien que fantaseaba hasta hace unos años con irse a África a vivir unos años, quería rodar un documental en Etiopía. Hasta que conoció a Jorge, desde entonces su universo cambió. Su compañero vital unido a los sinsabores ya sufridos en el mundo audiovisual, ha propiciado ese cambio que tanto le rallaba ayer.

“Sé que no es malo”, decía Erika, “si estoy contenta con la vida que llevo ahora ,más tranquila, menos espectacular, menos ambiciosa…”

“No es menos ambiciosa Erika, puede que laboralmente sí, pero sentimentalmente estás disfrutando de y junto a alguien que te llena. Erika, muchos ambicionan eso”.

“Ya nena, pero yo no era así. Si sigo con por este camino, nunca llevaré la vida que creía que quería. Pero es que me he dado cuenta que me da igual, que estoy bien así. Sé que suena raro, y que habrá quien no lo entienda, con lo feminista que yo he sido…No sé nena, me estoy rallando”.”Pero no quiero que me digas nada” decía sin dejarme hablar, “sólo quería expresarme en voz alta, es como si de esa forma todo fuera más real. Más real, jajaa, ¿algo puede ser más real?. Ves nena, me rallo. Te llamo a la noche y seguimos hablando. Muack”.

No lo hizo pero hace unos minutos he recibido un mensaje suyo. “Estoy feliz. Te quiero. Anímate y vente unos días”.

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