Te envidio, no te envidio


Rosa hacía 10 años que compartía su vida con Marcos; empezó a salir con él una año después de que Cristina hiciera lo mismo con Ramón.
Ambas,como cualquiera en un relación estable, pasaron por altos y bajos, por momentos de euforia y de monotonía, de amor y de odio, de pasión y de hastío.
Fue en uno de esas bajadas cuando Rosa se desmarcó del camino que ambas seguían y dejó a Marcos.

Desde entonces (hace 3 años de ello) Cristina, en silencio, la envidia. No siempre, claro, sólo de cuando en cuando, en los momentos que duda si lleva la vida con la que soñaba de pequeña, en los días que discute con Ramón por temas en los que siempre confrontan, cuando cruza la mirada con un desconocido o cuando se excita pensando en otro.

Qué gran mujer es Rosa, piensa Cristina, por luchar por la vida con la que soñó, por saber ser independiente, por ponerse ella en primer lugar.

Cristina no se imagina que Rosa le envidia a ella. No todos los días, por supuesto, sólo cuando llega a casa después de un duro día y no tiene un abrazo que le reconforte, o cuando comparte aviones y trenes con desconocidos rumbo a otras vacaciones en solitario o cuando echa de menos su vida con Marcos.

Qué gran mujer es Cristina, piensa Rosa, por luchar por una relación, por ser capaz de ceder y decir sí cuando piensa no.

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