Lo que no aprendimos de Roma

El ejemplo de la Roma clásica pone de manifiesto los problemas medioambientales de las ciudades no por el hecho de ser industrial sino por el hecho de ser ciudad.

Los problemas actuales, como por ejemplo la contaminación acústica (el ruido producido por la carga y descarga y el peso de las ruedas era tal que causaba el insomnio a muchos romanos) o la acumulación de desechos (los recursos provenían de diferentes lugares pero se acumulaban en las inmediaciones de sus lugares de consumo) ya existían hace dos mil años.

No sólo no se han solucionado sino que se han agravado o unido a otros nuevos en la actualidad (como la superpoblación).

El volumen de basura es superior a las posibilidades de absorción y la especialización agraria que entonces acarreaba daños, hoy sigue existiendo. Un ejemplo es el cultivo de maíz .

Ciudades en teoría ricas deberían haber formado las infraestructuras necesarias y procurarse instituciones sociales y políticas para planear y ejecutar con el fin de alcanzar un desarrollo sostenible.

Pero, al igual que sucedió en Roma, los problemas económicos, sociales y medioambientales siguen sin estar resueltos.

No se aprende, o no se quiere aprender de la Historia, siguen escaseando las obligaciones normativas, fondos económicos y prioridades políticas. El futuro urbano no puede ser una extrapolación del pasado.

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