La decisión de Sylvia


Aceptar lo que le da la vida en cada momento, esa es su filosofía.
Sylvia tiene 31 años, desde hace 2 meses ha vuelto a la soltería, confiesa que le cuesta, que no está acostumbrada a estar sola, sentirse sola es algo distinto, eso sí lo conoce bien. Con su última pareja compartió 3 años.

Lo echa de menos, pero empieza a no necesitarlo, y le gusta esa sensación.
Lleva dos semanas alejada de internet, “quien evita la tentación evita el peligro, tendlo presente” me dice autoconvenciéndose de que es lo correcto. Al principio miraba constantemente su mail, buscando el nombre de su ex en la bandeja de entrada.
Fue ella quien puso punto final a la relación:lo quiere pero no comparte su visión de futuro.Karl no quiere tener hijos, Sylvia tampoco por el momento pero sí quiere formar una familia, él fue rotundo en su negativa.Ella dice que le agradece su sinceridad pero no por ello lo quiere menos, tal vez de hecho lo quiera más.

Fue duro tomar la decisión y una vez tomada eran muchos los momentos en los que se planteaba si había hecho lo correcto. Lo primero era poner tierra de por medio.
Se despidió de Düsseldorf, la ciudad en la que había vivido el último año para ir a vivir con Karl. En aquel momento, cambió familia, amigos y trabajo por estar con él. Hizo lo que sentía que debía hacer. Ahora también.

“Ahora vivo aquí, en Friedrichshafen, ha sido raro volver a casa de mi madre”, me cuenta entre sorbo y sorbo de café,” pero era la mejor opción hasta que decidiera que quería hacer con mi vida, hacia dónde reconducirla”.
No le fue complicado encontrar trabajo, en Alemania sienten que la crisis ya ha pasado. Aunque aquí está contenta sabe que no es su lugar, al menos no ahora, quién sabe en el futuro.

Empezó a mirar ofertas en el extranjero, sin saber muy bien lo que buscaba:le respondieron de tres países: Malta, Inglaterra y Montenegro. Aceptó primero la de Malta pero, indecisa por naturaleza, cambió de pensar: en septiembre empezará a dar clases en Montenegro.
Al final ha sido el corazón el que la ha guiado, una vez más. El serbo-croata es su segunda lengua, sus veranos los asocia en Serbia con sus abuelos. A menudo compara el carácter alemán con el serbio, casi siempre gana el segundo.

De momento se quedará 4 meses. ¿Y luego? le pregunté,”ya se verá, igual me voy a Berlín a vivir y retomo las clases de baile, no lo sé,ya veré¿por qué tengo que planear toda mi vida? “me pregunta ahora ella a mi. No seré yo quién no le de la razón.

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