La trenza por la que no subiste

Apareciste cuando no te buscaba aunque siempre soñé con alguien como tú. Nunca me gustaron los rubios príncipes de los cuentos de hadas pero sí los rebeldes, con o sin causa, dispuestos a luchar por su amor.

No subiste por mi trenza de cabellos dorados para rescatarme del castillo en el que estaba encerrada.
Fue tu limpia mirada la que me dio la confianza necesaria para seguirte, sin preguntar.
Tus pasos me abrían puertas a mundos desconocidos. A realidades ajenas a mi, caminos menos fáciles que los que hasta entonces solía recorrer.

Me tendías la mano para saltar los charcos pero no colocabas tu chaqueta en ellos para que mis pies no se mojaran. No me quitabas las piedras del camino pero,aunque sin mostrarlo, nunca hubieras dejado que me cayera. Cada obstáculo que superaba me hacía más fuerte.
Sabías que sólo podría ser feliz a tu lado si estaba segura de mi misma.

No querías junto a ti a una princesa dependiente de tus palabras, de tus actos. Buscabas un igual.

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Una respuesta to “La trenza por la que no subiste”

  1. Rebeca Says:

    Precioso, sin más.

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